La meditación
enriquece la totalidad de la vida cotidiana mejor que ninguna otra disciplina. Meditar es escuchar la voz de tu Espíritu y del Todo para ello, es necesario que te alejes del bullicio de la vida.
Debes poder oír la voz callada y serena de tu yo-interior. Como es arriba, así es abajo. El Universo metafóricamente cuelga el aparato si no escuchas sus respuestas.
Si rezas sin detenerte para escuchar la respuesta, no la obtendrás, pues tu parloteo mental no dejará que El Espíritu o el Todo pueda hablar. Tienes mente de mono, una verborrea constante de ideas.
Con la meditación, se aquieta el parloteo y así, la Fuente deja sus semillas de sabiduría y orientación. En esos momentos silenciosos, estas abierto a la inspiración para recibir respuesta a tus preguntas.